
Se miró las manos y tenía arena entre los dedos, minúsculas conchas en realidad, adheridas a su piel. Se tumbó sobre la roca y sumergió la mano entre las olas, dejando así, que el mar recuperara lo que era suyo. Se quedó un buen rato sintiendo como el mar de deslizaba sobre su piel adelante y atrás al ritmo que marcaban las olas. Cerró los ojos, era como si aquellas caricias aún frescas sobre su cuerpo, pudieran sentirse perfectamente de nuevo, en aquel atardecer donde el Sol, a punto ya de desaparecer, formaba con las nubes y el increíble azul del cielo, figuras que parecían fuego sobre el mar revuelto.
Dejó su mente en blanco y notó como su cuerpo entero se dejaba llevar por aquella sensación tan familiar. A cada caricia del agua sobre su piel, la excitación recorría sin prisas cada parte de su cuerpo. Introdujo más la mano, hasta el codo, y al rozar el agua la parte interna y sensible del brazo, se le escapó de entre los labios un sonido que mezclado con el rugido de las olas contra las rocas, que evocó aún con más claridad, la pasión que acabó casi en delirio hacía relativamente, muy poco.
Tumbada sobre la roca con el brazo dentro del agua, fué consciente de que tendría que haberle llamado. Tendría que haber aparcado ese miedo estúpido y haberse dado cuenta de que aquel amante, tenía algo especial. No es fácil encontrar esa pasión y esa entrega, esa conexión que los transportó a la más absoluta locura, sin apenas conocerse.
Se puso en pie, se desnudó y se lanzó al mar. Nadó hasta que sintió que al igual que el mar había recuperado para si, las minúsculas conchas de entre sus dedos, limpiaría de todo su cuerpo las huellas de algo, que ya no le pertenecería jamás. Mientras el mar satisfacia sus deseos, escuchó en su cabeza una voz que le repetía: "La vida, es como el mar, trae con la corriente diminutas porciones de felicidad, que con la misma facilidad, se pierden de nuevo en la inmensidad para no volver".
Dejó su mente en blanco y notó como su cuerpo entero se dejaba llevar por aquella sensación tan familiar. A cada caricia del agua sobre su piel, la excitación recorría sin prisas cada parte de su cuerpo. Introdujo más la mano, hasta el codo, y al rozar el agua la parte interna y sensible del brazo, se le escapó de entre los labios un sonido que mezclado con el rugido de las olas contra las rocas, que evocó aún con más claridad, la pasión que acabó casi en delirio hacía relativamente, muy poco.
Tumbada sobre la roca con el brazo dentro del agua, fué consciente de que tendría que haberle llamado. Tendría que haber aparcado ese miedo estúpido y haberse dado cuenta de que aquel amante, tenía algo especial. No es fácil encontrar esa pasión y esa entrega, esa conexión que los transportó a la más absoluta locura, sin apenas conocerse.
Se puso en pie, se desnudó y se lanzó al mar. Nadó hasta que sintió que al igual que el mar había recuperado para si, las minúsculas conchas de entre sus dedos, limpiaría de todo su cuerpo las huellas de algo, que ya no le pertenecería jamás. Mientras el mar satisfacia sus deseos, escuchó en su cabeza una voz que le repetía: "La vida, es como el mar, trae con la corriente diminutas porciones de felicidad, que con la misma facilidad, se pierden de nuevo en la inmensidad para no volver".
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