
Hay caminos que parecen no llevar a ninguna parte. Sentada en una piedra del bosque enredado y repleto de olores que llenan mi alma de paz, pienso en ello mientras lo contemplo.
Frente a mi, un camino estrecho, descuidado y corto, donde la vista enseguida se topa con el final gracias a una primera curva, ante el que, tan solo, puedo hacer dos cosas: Seguir imaginando que hay detrás de esa curva ó dejar de prestarle atención y centrarme en localizar el origen de todos los ruiditos extraños que me anuncian compañía.
Imagino: ¿Quien decidió abrir ese paso en el bosque? ¿Donde quería llegar? ¿Si algo era tan importante como para hacer un camino hasta allí, porque ofrecer su tesoro a cualquiera que como yo decida seguirlo solo por curiosidad? No tengo nada más que hacer ahora así que, me pongo en pié y decido descubrir las respuestas.
Llego hasta la curva y continúo unos cien metros más hasta un roble enorme donde de repente, acaba. ¿Este era el tesoro? ¿Profanar el bosque para llegar a uno de los cientos de árboles que hay por todas partes? ¿Ya está?. A lo mejor simplemente fué el primer árbol que encontró en esos doscientos metros y no quiso profanar algo tan maravilloso para continuar, a lo mejor, ya no vive aquí, tuvo que irse precipitadamente y dejar su obra inconclusa, a lo mejor aquello que tanto amaba y que decidió compartir, de repente en un arrebato dejó de importarle, el ser humano es tan caprichoso a veces... o a lo mejor dejó de ser tan especial en relación al esfuerzo, o tal vez, quizás, por el contrario, el esfuerzo le dió más valor y decidió dejarlo oculto a los ojos simplemente curiosos.
Frente a mi, un camino estrecho, descuidado y corto, donde la vista enseguida se topa con el final gracias a una primera curva, ante el que, tan solo, puedo hacer dos cosas: Seguir imaginando que hay detrás de esa curva ó dejar de prestarle atención y centrarme en localizar el origen de todos los ruiditos extraños que me anuncian compañía.
Imagino: ¿Quien decidió abrir ese paso en el bosque? ¿Donde quería llegar? ¿Si algo era tan importante como para hacer un camino hasta allí, porque ofrecer su tesoro a cualquiera que como yo decida seguirlo solo por curiosidad? No tengo nada más que hacer ahora así que, me pongo en pié y decido descubrir las respuestas.
Llego hasta la curva y continúo unos cien metros más hasta un roble enorme donde de repente, acaba. ¿Este era el tesoro? ¿Profanar el bosque para llegar a uno de los cientos de árboles que hay por todas partes? ¿Ya está?. A lo mejor simplemente fué el primer árbol que encontró en esos doscientos metros y no quiso profanar algo tan maravilloso para continuar, a lo mejor, ya no vive aquí, tuvo que irse precipitadamente y dejar su obra inconclusa, a lo mejor aquello que tanto amaba y que decidió compartir, de repente en un arrebato dejó de importarle, el ser humano es tan caprichoso a veces... o a lo mejor dejó de ser tan especial en relación al esfuerzo, o tal vez, quizás, por el contrario, el esfuerzo le dió más valor y decidió dejarlo oculto a los ojos simplemente curiosos.
Miro a mi alrededor y doy gracias por una nueva lección: Es fácil caminar sobre el camino de otro y juzgar y presuponer sus razones para todo. Un camino que en cualquier caso, tan solo necesitamos la curiosidad, para recorrer. Mientras tanto, los caminos que si sabemos donde van y los que tendríamos que construir hacia nuestros própios tesoros, se siguen quedando pendientes...
Me voy a casa, es de los pocos caminos que conozco y siempre me gusta recorrer.
Comentarios
salud.
A ver si cuando vaya a una de las reuniones en Madrid, le digo a la jefa que te de toque y nos conocemos después de tantos años. Un abrazo eterno compañero de camino.
Que habéis hecho un número nuevo de Delirio absolutamente genial.
Dale un achuchón a Lucky y a ti un abrazo con achuchón de los gordos; de los de los lunes.
Que no me he olvidado de nadie, es que no tengo tiempo pa' ná.
PS Te enlazo en mi blog y así no tengo problema con las actualizaciones.